miércoles, julio 27, 2016

STORYTELLING: UN NUEVO BOFETÓN EN EL ROSTRO NORTEAMERICANO

STORYTELLING: UN NUEVO BOFETÓN EN EL ROSTRO NORTEAMERICANO

Director: Todd Solondz

Guionista: Todd Solondz

Género: Comedia

Actor / Actriz: Julie Hagerty, Aleksa Palladino, Jonathan Osser, Nick Maltes, Steven Rosen, John Goodman, Noah Fleiss, Mike Schank, Mark Webber,Robert Wisdom, Lupe Ontiveros, Leo Fitzpatrick, Paul Giamatti, Selma Blair, Franka Potente.

Música: Nathan Larsson, Belle & Sebastian.


Distribuida por: Laurenfilm.

Año: 2001.


Se piensa de Todd Solondz como una persona vengativa, llena de rencor, que busca saldar cuentas con su país por el rechazo que tuvo con Happines y por la aceptación que Sam Mendes consiguió por Belleza Americana. ¿Por qué? ¿Por qué no les fue bien a ambos si los dos realizadores criticaban el ya conocido estilo de vida norteamericano? ¿Por qué Felicidad (1988) no obtuvo ninguna nominación al Oscar, considerando, además, que la película de Solondz apareció un año antes que la de Mendes (1999)? La verdad es que no nos interesa aquí descubrir y poner en evidencia lo que pasó en verdad o poner fin a los rumores que siempre se dan en el mundo del cine. Nos importan solo las películas. Nada más.

Dividida en dos partes (Ficción, No ficción), Storytelling es una ácida crítica a los estereotipos norteamericanos representados en la familia, la adolescencia, el sexo, el racismo y aun la perspectiva que se tiene al momento de querer describir estas categorías. No, no es un drama. Por el contrario, es una punzante comedia que busca incomodar. Todd Solonz lo sabe: el cine es su mejor arma.

Ficción


Un profesor de escritura creativa, ganador del Pulitzer, trabaja en una universidad de poca categoría. Aprovecha su limitado éxito para acostarse con estudiantes blancas. Entre estas, da con Vi, joven adolescente que mantiene una relación con su compañero parapléjico. La historia gira en el vínculo que establecerán tales personajes. Llama la atención las sesiones dentro del taller, donde se puede reconocer esa mentalidad tan acartonada que sirve solo para criticar la forma y estructura de los relatos leídos por los participantes. Aquí no importa que la historia sea verdadera, verosímil o falsa. Esto lo prueba el rechazo que se evidencia luego de las lecturas de Vi y su pareja. Por lo tanto, vemos cómo la ficción no logra su objetivo, ya que no establece contacto alguno con sus lectores. Por otro lado, no importa la falta de profesionalismo –que de hecho la hay- que presenta el profesor. Esto ya forma parte dentro de las universidades o institutos. Interesan las cuotas de racismo que el realizador deja patente. “No seas racista, no seas racista, no seas racista”, se oye decir a Vi en cierto momento. 

No ficción


En No-Ficción se nos narra la vida de Toby Oxman, un documentalista que ve que su vida no es como la que planeó tener de estudiante. Un derrotado, a secas. Al parecer, su última oportunidad es tener éxito con un trabajo sobre la ansiedad de los jóvenes por ingresar a las universidades. Es en el espacio de los institutos donde se topa con Scooby Livingston, un estoico joven fanático de la música que no toma en serio la vida. No busca ser un profesional, no busca parecerse ni alcanzar la imagen de logro que su padre presenta. Toby propone a Scooby ser protagonista de su proyecto. Este acepta puesto que es el único medio para ser famoso, ser visto, ser tomado en cuenta por lo que es (aunque no tenga nada).

En esta segunda parte, los temas son varios: la relación entre padre/hijo (la burla al autoritarismo; a las pocas vías de comunicación que la gente adulta no logra establecer con los jóvenes; a las absurdas imágenes-modelo que los propios miembros de la familia crean), el racismo (a pesar de que el final puede ser criticada por la acción que toma la sirvienta, creemos que el menor de la familia Livingston, Mikey, logra sobresalir por encima de todos. Son su sonrisa, su humor, sus incisivos comentarios o preguntas los que lo pintan como la nueva generación de un país que se cree superior a los demás. Su juego de hipnotismo no debe dejar de ser mencionado, ¿ese poder de convencimiento no es el mismo que en muchas ocasiones practican políticos o figuras destacadas?); el reconocimiento por encima de los vacíos que pueden presentar las personas (ya se ha establecido la influencia que tuvo en Todd Solondz películas como Freak –Tod Browning, 1932–. Y así como fue vilipendiada a más no poder tal cinta por usar a personajes reales que presentaban las anormalidades que en la película son usadas como mero espectáculo circense, haciendo que al director del film lo olviden, lo mismo puede decirse de este fracasado, mal visto y nada serio creador de documentales. Lo curioso radica –cuota de humor- en que los avances de grabación presentados son meras caricaturas de lo que tiene en mente revelar. Todo se perfila para una enorme decepción cinematográfica; sin embargo, sin explicación alguna, logra obtener una recepción positiva por parte del público que se encuentra viendo la primera proyección. Tal vez hay aquí otra crítica a las personas que no ven todo lo que se esconde detrás de este tipo de historias).

¿Ficción, No-Ficción? En las dos partes de la película se ve cómo el elemento “creado”, “ficticio” –aun la No-Ficción que también es un tipo de discurso que por más que se ampare en lo autobiográfico es un trama estructurado- no obtienen el valor que entrañan. No son oídos o tomados con la seriedad que se espera de ellos. Hay una relación inversa entra las dos creaciones. Mientras que en Ficción el objeto creado no es escuchado, sino más bien es ironizado y criticado, en No-Ficción el objeto creado –por más mediocre que este sea- es tomado en cuenta y aplaudido. No obstante, a pesar de la intención que busca el director, detrás de estas creaciones se trasluce una fuerte realidad que no es atendida como debiera ser, como si no quisiéramos prestar atención a lo que verdaderamente acontece en nuestro alrededor o, peor aún, en nosotros mismos. Es en esto último en donde Solondz acierta una vez más, a tal punto que es ya señalado como un director repetitivo, lleno de berrinches que ya pasaron de moda. Señores, todo lo contrario. 

JESÚS JARA (Perú)

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