Fragmento:


"Nadie quiere que su vida sea como una película, así la dirigiese Truffaut, Tarvosky o cualquier otro dios. Nadie quiere ver que su vida ha sido compuesta por otros en las leyendas finales. Nadie quiere ver que su personaje ha sido interpretado por cualquier otra persona. Es preferible vivir en este suelo que nos condena, otra vez y miles de veces más, tarde o temprano. Pero entre un lado y otro, y si es que nos ponemos a describir ese intermedio, no se me ocurre otro ejemplo que el que le sucede a Mia Farrow en La rosa púrpura del Cairo. Sin embargo, a pesar de la tremenda decepción, volvemos al cine, volvemos a sentarnos y a sonreír porque a diferencia de una cinta, nuestra vida termina sin un the end."

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