domingo, noviembre 26, 2017

The Evil Within 2: una invitación para redimirse.

Año: 2017

The Evil Within 2 venía, desde el anuncio de su lanzamiento, con una exigencia mayor por parte de sus ya incontables seguidores: ser mejor que la primera entrega. Y, sin exageración alguna, lo ha logrado.

En The Evil Within, ya en el hospital psiquiátrico, no entendemos lo que sucede por más que hayamos avanzado varios capítulos. Sebastián Castellanos, nuestro protagonista y nosotros, ya ingresamos en la pesadilla que es todo esto, pesadilla que tiene orígenes sociales y económicos. Recordemos que los malos de la historia, la organización Moebius, entabla comunicación con una familia adinerada, la cual ya había realizado un pacto con Beacon. A partir de esta triple alianza (conocimiento + dinero + ansias de poder y control –no olvidemos que también los medios de prensa son prácticamente comprados para que no se descubra nada) surge todo este videojuego que, al menos yo, considero digno de dar a conocer. A pesar de su entretenimiento, los dos directores que han tomado la batuta de esta historia nos han entregado una trama que a pesar de toda su parafernalia, descansa en uno de los tantos temas universales: la redención.

Si The Evil Whitin me dejó con la sensación de continuar jugando, fue en octubre de este año en el que por fin pude calmar mi ansiedad. Particularmente, lo que me llamó la atención de este juego fueron los temas políticos, filosóficos y ontológicos. No es un mero juego. Eso se los garantizo. Encuentro en la secuela mayor importancia a los temas señalados, y qué bueno que sea así. Como que uno no está para jugar un videojuego y solo matas a cualquier engendro. Tampoco vas a desperdiciar tus horas en vano.

Lo literal es lo siguiente: luchas contra Moebius y su STEM, un prototipo computarizado que al final busca una conciencia unificada para toda la humanidad, la cual, por supuesto, perpetuará el poder de los ricos y joderá a los de siempre. El STEM es un tipo de matrix al cual ingresas con un chip y, desde ahí, participar de las pequeñas conciencias de infinidad de personas; todo un caos que es lo que genera el desconcierto en el que está jugando. Pero bien, vayamos a lo profundo. Sebastián Castellanos, quien en la primera parte luchaba por la separación de su mujer e hija, en esta segunda parte resulta el causante de la muerte de ambas. La línea argumental se sostiene en algo básico, quitando todo lo externo que pueda alejarnos de lo principal del juego: un hombre, ante tal pérdida, se siente culpable a más no poder. Cada villano que enfrenta es la metáfora del grado de responsabilidad que asalta la mente de este personaje. El hecho de que cada nivel sea un descenso físicamente hasta llegar al infierno mismo, no es nada más que la carga de castigo que uno mismo se ha infligido. Incluso, el enfrentarse con la esposa transformada en el villano final es la proyección que se ha creado. Lo que enfrenta Sebastián Castellanos es a un Sebastián Castellanos lleno de miedos, de recuerdos lacerantes, configurado por un pasado que lo condena siempre. No es de extrañar, por tanto, que uno de los últimos capítulos se titule El limbo, como una oportunidad final para deshacernos de todo eso que nos arrastra –hasta llegar a la locura- y no nos permite continuar con nuestra vida.



Formidable la frase que Sebastián dice ya por el final: “El dolor es parte de la vida real, como el amor”. Con la aceptación de la responsabilidad, con lo que ya sabemos del dolor, Sebastián Castellanos puede continuar ahora con paso firme, cumpliendo las últimas fases del juego. Si se inicia desde la habitación del protagonista, continuando con varios espacios temporales, para luego retornar al mismo punto es la segunda oportunidad que propone este juego: una segunda oportunidad para poder continuar con nuestra vida a pesar de los actos cometidos.
Las escenas finales son tan espectaculares como conmovedoras. Cuando creemos que Sebastián Castellanos nos puede decir “adiós”, las lágrimas caen como cualquier escena cinematográfica. The Evil Within 2 es una grata, hermosa y catártica ocasión para dejar de lado, siendo conscientes eso sí, de nuestras culpas y pecados realizados. Con una recordada canción de Duran Duran en los créditos y que guarda mucha relación con el contenido ("Aún no puedo escapar de tu fantasma" / "¿Dónde está vida que yo reconozco" / "PERO no lloraré por el ayer... HAY un mundo ordinario"), este videojuego no te defraudará.

viernes, marzo 17, 2017

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miércoles, julio 27, 2016

STORYTELLING: UN NUEVO BOFETÓN EN EL ROSTRO NORTEAMERICANO

STORYTELLING: UN NUEVO BOFETÓN EN EL ROSTRO NORTEAMERICANO

Director: Todd Solondz

Guionista: Todd Solondz

Género: Comedia

Actor / Actriz: Julie Hagerty, Aleksa Palladino, Jonathan Osser, Nick Maltes, Steven Rosen, John Goodman, Noah Fleiss, Mike Schank, Mark Webber,Robert Wisdom, Lupe Ontiveros, Leo Fitzpatrick, Paul Giamatti, Selma Blair, Franka Potente.

Música: Nathan Larsson, Belle & Sebastian.


Distribuida por: Laurenfilm.

Año: 2001.


Se piensa de Todd Solondz como una persona vengativa, llena de rencor, que busca saldar cuentas con su país por el rechazo que tuvo con Happines y por la aceptación que Sam Mendes consiguió por Belleza Americana. ¿Por qué? ¿Por qué no les fue bien a ambos si los dos realizadores criticaban el ya conocido estilo de vida norteamericano? ¿Por qué Felicidad (1988) no obtuvo ninguna nominación al Oscar, considerando, además, que la película de Solondz apareció un año antes que la de Mendes (1999)? La verdad es que no nos interesa aquí descubrir y poner en evidencia lo que pasó en verdad o poner fin a los rumores que siempre se dan en el mundo del cine. Nos importan solo las películas. Nada más.

Dividida en dos partes (Ficción, No ficción), Storytelling es una ácida crítica a los estereotipos norteamericanos representados en la familia, la adolescencia, el sexo, el racismo y aun la perspectiva que se tiene al momento de querer describir estas categorías. No, no es un drama. Por el contrario, es una punzante comedia que busca incomodar. Todd Solonz lo sabe: el cine es su mejor arma.

Ficción


Un profesor de escritura creativa, ganador del Pulitzer, trabaja en una universidad de poca categoría. Aprovecha su limitado éxito para acostarse con estudiantes blancas. Entre estas, da con Vi, joven adolescente que mantiene una relación con su compañero parapléjico. La historia gira en el vínculo que establecerán tales personajes. Llama la atención las sesiones dentro del taller, donde se puede reconocer esa mentalidad tan acartonada que sirve solo para criticar la forma y estructura de los relatos leídos por los participantes. Aquí no importa que la historia sea verdadera, verosímil o falsa. Esto lo prueba el rechazo que se evidencia luego de las lecturas de Vi y su pareja. Por lo tanto, vemos cómo la ficción no logra su objetivo, ya que no establece contacto alguno con sus lectores. Por otro lado, no importa la falta de profesionalismo –que de hecho la hay- que presenta el profesor. Esto ya forma parte dentro de las universidades o institutos. Interesan las cuotas de racismo que el realizador deja patente. “No seas racista, no seas racista, no seas racista”, se oye decir a Vi en cierto momento. 

No ficción


En No-Ficción se nos narra la vida de Toby Oxman, un documentalista que ve que su vida no es como la que planeó tener de estudiante. Un derrotado, a secas. Al parecer, su última oportunidad es tener éxito con un trabajo sobre la ansiedad de los jóvenes por ingresar a las universidades. Es en el espacio de los institutos donde se topa con Scooby Livingston, un estoico joven fanático de la música que no toma en serio la vida. No busca ser un profesional, no busca parecerse ni alcanzar la imagen de logro que su padre presenta. Toby propone a Scooby ser protagonista de su proyecto. Este acepta puesto que es el único medio para ser famoso, ser visto, ser tomado en cuenta por lo que es (aunque no tenga nada).

En esta segunda parte, los temas son varios: la relación entre padre/hijo (la burla al autoritarismo; a las pocas vías de comunicación que la gente adulta no logra establecer con los jóvenes; a las absurdas imágenes-modelo que los propios miembros de la familia crean), el racismo (a pesar de que el final puede ser criticada por la acción que toma la sirvienta, creemos que el menor de la familia Livingston, Mikey, logra sobresalir por encima de todos. Son su sonrisa, su humor, sus incisivos comentarios o preguntas los que lo pintan como la nueva generación de un país que se cree superior a los demás. Su juego de hipnotismo no debe dejar de ser mencionado, ¿ese poder de convencimiento no es el mismo que en muchas ocasiones practican políticos o figuras destacadas?); el reconocimiento por encima de los vacíos que pueden presentar las personas (ya se ha establecido la influencia que tuvo en Todd Solondz películas como Freak –Tod Browning, 1932–. Y así como fue vilipendiada a más no poder tal cinta por usar a personajes reales que presentaban las anormalidades que en la película son usadas como mero espectáculo circense, haciendo que al director del film lo olviden, lo mismo puede decirse de este fracasado, mal visto y nada serio creador de documentales. Lo curioso radica –cuota de humor- en que los avances de grabación presentados son meras caricaturas de lo que tiene en mente revelar. Todo se perfila para una enorme decepción cinematográfica; sin embargo, sin explicación alguna, logra obtener una recepción positiva por parte del público que se encuentra viendo la primera proyección. Tal vez hay aquí otra crítica a las personas que no ven todo lo que se esconde detrás de este tipo de historias).

¿Ficción, No-Ficción? En las dos partes de la película se ve cómo el elemento “creado”, “ficticio” –aun la No-Ficción que también es un tipo de discurso que por más que se ampare en lo autobiográfico es un trama estructurado- no obtienen el valor que entrañan. No son oídos o tomados con la seriedad que se espera de ellos. Hay una relación inversa entra las dos creaciones. Mientras que en Ficción el objeto creado no es escuchado, sino más bien es ironizado y criticado, en No-Ficción el objeto creado –por más mediocre que este sea- es tomado en cuenta y aplaudido. No obstante, a pesar de la intención que busca el director, detrás de estas creaciones se trasluce una fuerte realidad que no es atendida como debiera ser, como si no quisiéramos prestar atención a lo que verdaderamente acontece en nuestro alrededor o, peor aún, en nosotros mismos. Es en esto último en donde Solondz acierta una vez más, a tal punto que es ya señalado como un director repetitivo, lleno de berrinches que ya pasaron de moda. Señores, todo lo contrario. 

JESÚS JARA (Perú)

domingo, julio 10, 2016

Madame de…: En búsqueda de la perfección. (Texto escrito por Stephan Enríquez)

 Madame de…
-En búsqueda de la perfección-


Título: Madame de...
Título original: Madame de...
Dirección: Max Ophüls
País: Francia, Italia
Año: 1953
Fecha de estreno: 16/09/1953
Duración: 105 min
Género: Drama, Romance
Reparto: Charles Boyer, Danielle Darrieux, Vittorio De Sica, Jean Debucourt, Jean Galland, Mireille Perrey, Paul Azaïs, Josselin, Hubert Noël, Lia Di Leo
Distribuidora: Franco London Films
Productora: Rizzoli Film, Franco London Films, Indusfilms






Max Ophüls es el cineasta esteta por excelencia. Sus obras, particularmente las de su etapa francesa, podrían ser catalogadas de lienzos realistas en continuo movimiento. La belleza de lo efímero, el amor como martirio inminente e inalcanzable, la banalidad de las sociedades aristócratas, y, sobre todo, la introspección de las relaciones humanas, haciendo énfasis en el rol de la mujer, son sus principales tópicos. Todos realzados con los decorados barrocos-preciosistas, la elegancia del manejo de cámara y los planos secuencia que tanto lo caracterizan.  Ophüls, al lado de Mizoguchi y Naruse, es el director que mejor ha reflejado la psicología del sexo femenino en toda su complejidad. Sus ilusiones, sus tormentos, sus metas, sus preocupaciones, sus conductas en determinadas circunstancias, su intimidad. El director alemán logra representar con mayor destreza todos los temas propios de su cine en Madame de…, su obra maestra.

Fines del siglo XIX, La Belle Époque, Francia. La película empieza con un plano secuencia que muestra un par de aretes, los cuales definirán casi por completo los encuentros entre los protagonistas, para pasar inmediatamente a una breve e intensa introducción de Louise (Daniell Darrieux), Madame de…, que es a la vez el reflejo del desencanto de todo una época y que se le podría emparentar con aquel personaje mítico de Flaubert: Madame Bovary. Una mujer fría, calculadora, superficial, que solo busca cubrir sus deudas. Así decide vender aquellas pertenencias, que habían sido un obsequio de parte de su esposo justo después de haberse casado, en una joyería. El joyero las venderá y regresarán a él, como un círculo vicioso. Lo mismo le sucederá a Louise. Pero esta vez se aferrará a los pendientes. Ya no es André (Charles Boyer), su esposo, quien se los regala, sino Fabrizio (Vittorio de Sica), quien será su futuro amante.

El vaivén de los aretes hace hincapié en la puerilidad de la sociedad francesa, pero es a la vez la manifestación del estado de ánimo de la protagonista. Louise no ama a su pareja y viceversa. Lo que los une es una relación de compañerismo, complacencia y costumbre. Los dos duermen en camas separadas. La comunicación entre ellos es escasa. André le es infiel. Louise permanece casi siempre en su hogar. Cuando participan en alguna celebración, Louise siempre es el centro de atención. Las miradas y cumplidos se desvían hacía ella. Louise corresponde a todo aquel que le hable, pero a modo de juego. El cortejo es su pan de cada de día. Todo esto hasta que, casi por el azar, conoce a Fabrizio, un diplomático italiano.

Así empieza una de las relaciones más puras, tortuosas y memorables que nos ha dado el séptimo arte. Entre ellos basta una palabra, un gesto, una caricia, una mirada, para comunicar la añoranza de permanecer uno al lado del otro. Louise, la mujer fría y calculadora, se convierte en una adolescente enamorada e indefensa. Fabrizio, el caballero distinguido y aparentemente inalterable, se convierte en un joven romántico, en el sentido artístico de la palabra, dispuesto a luchar por el amor de su amada. El clímax de esta relación, y la mejor escena de la película para quien suscribe estas líneas, se da en el baile de vals, que transcurre en varias ocasiones, pero parece que sucediese en una noche. Aquí se da el enamoramiento continuo entre ellos y se puede apreciar con mayor intensidad la comunicación íntima y silenciosa que solo dos personas que se aman pueden sostener.


Por otro lado, más crítico y agudo, se puede notar la cotidianidad estática del matrimonio entre Louise y André. No hay muestras de afecto, no hay confidencias entre ellos, no hay nada que renueve o avive su relación. Solo hay respeto. André ya está al tanto de la infidelidad de su esposa, pero ninguno se atreve a dejar al otro. Están encadenados en su falsa actuación. Su prestigio está en juego. Deben seguir manteniendo las apariencias. Así, la relación entre los cónyuges es fría, estática y distante. Mientras que la relación clandestina entre los amantes es pasional, dinámica y cercana. Fiel representación de los límites impuestos por la sociedad y la búsqueda del libre albedrío de la naturaleza humana.


La película no podría finalizar de otra manera: un duelo entre los protagonistas hombres. El amor contra la costumbre. La pasión contra el respeto. La sociedad contra la naturaleza humana. Una época en decadencia contra otra que está a punto de surgir. La indecisión de la protagonista. Sus plegarias con el fin de que su amado no perezca, pues su esposo es un general reconocido. Se oye el disparo. Final trágico e inesperado. Aparecen los pendientes en la iglesia donde Louise le rezaba, en ocasiones puntuales, a una virgen. Se cierra el círculo.

Las interpretaciones de los tres protagonistas son insuperables. De Sica, inmenso y entrañable; Boyer, con quizá el personaje más complejo, logra el equilibrio entre las dos realidades que se contraponen; Darrieux, con el mejor papel de su carrera, logra dar la talla a los otros dos ya celebrados actores. Aquí cabe resaltar el hecho de que Vittorio de Sica fue también cineasta, uno de los más importantes de Italia, y que Ophüls supo compenetrar con él, logrando un trabajo perfecto. Magistral de inicio a fin, ahondando en cada detalle de forma y fondo con una minuciosidad estética propia de su director, con un halo de misterio y una incesante presencia onírica,  Madame de… se muestra como un filme de obligado visionado.

Admirado por los miembros de la Nouvelle Vague y principal maestro del otro gran esteta del séptimo arte, Stanley Kubrick, el director alemán aún no ha sido reconocido en su justa medida. Películas como Madame de…, Carta de una desconocida, La Ronde, Le Plaisir o Lola Montès, jamás pasarán desapercibidas ante los ojos de quien las vea. Está en nuestras manos revalorar sus obras y ubicarlo en el lugar que se merece, como uno de los más grandes directores de la historia.

Texto escrito por Stephan Enríquez (Perú)

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domingo, junio 21, 2015

Miss Violence: capacidad para perturbar.

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Título: Miss Violence
Director: Alexandros Avranas.
País: Grecia.
Año: 2013.
Premios: Festival de Venecia (Mejor director – Mejor actor).

Perturbadora. Esto es lo que es Miss Violence.

Como sabemos, Grecia atraviesa sus años más convulsos dentro de toda su historicidad. La crisis ha originado grandes revueltas. ¿Cómo crear teniendo un contexto así? Dos alternativas: uno: desde lo literal, describiendo lo que uno puede comprobar encendiendo el televisor o dos: desde un plano metafórico. Y Avranas acierta, optando por la segunda opción.

Un departamento. Una familia compuesta por una pareja de abuelos, quienes viven con sus tres hijas y dos nietos. Ante el extraño suicidio de una de las hijas –con una inquietante sonrisa a la cámara en el mismo día de su undécimo cumpleaños-, la película empieza. El abuelo toma el papel central, enseñando que la vida sigue su curso. Como la cabeza de la familia, vemos a un anciano preocupado por el bienestar de sus congéneres, ya sea consiguiendo un nuevo empleo –y luego dejándolo porque no puede desatender la salud de su hija mayor- o ya yendo al colegio para recibir los reportes de calificaciones de los pequeños de la casa. Sin embargo, la cinta continúa y los pequeños detalles también.

Poco a poco vemos cómo la docilidad que caracteriza al abuelo trueca en una imagen autoritaria ejercida en su máxima expresión. Castigo físico y psicológico -la escena en la que el niño es abofeteado por su propia hermana haciendo uso de una cámara que lo envuelve no hace más que acrecentar su humillación- se convierten en el modelo de conducta y disciplina dentro del hogar. Ante esta figura, prácticamente dictatorial, los demás familiares deben guardar silencio, de lo contrario, el castigo sería peor. Es decir: sumisión, servidumbre.

¿Por qué hemos dicho que Avranas ha elegido bien haciendo uso de un lenguaje figurado? La respuesta es sencilla: porque es en esta familia donde se condensa todo el país griego. No hace falta, por consiguiente, crear secuencias en la calle que den a conocer manifestaciones, huelgas o protestas y todo lo que estas acciones trae consigo; no hace falta ver asesinado a algún insurrecto para confirmar que los gobernantes no están cumpliendo correctamente sus funciones. No, la destreza del director consiste en haber creado un microcosmos social dentro de un departamento común y corriente como cualquier otro.

Por otra parte, el papel que juega la pareja de los del Seguro Social no hace más que agravar el nivel de autoritarismo del abuelo. El engaño, la hipocresía y el cinismo, propios de varios sistemas de gobiernos a lo largo de la historia se traslucen perfectamente aquí. Vemos de forma clara cómo las leyes que buscan –se supone y espera- dar orden, fiscalizando como debe ser, son pisoteadas por un mandatario armando todo un espectáculo teatral de lo más persuasivo, y cómo ese mismo poder fiscalizador queda conforme, elogiando aun al creador de todo ello.

No hay efectos especiales. La vida no los tiene, ni mucho menos Grecia en el mundo de hoy. Este es otro acierto en el filme, así como también el uso de la cámara o de los planos que dan mayor solidez a lo que se está narrando.

Y aunque se ve claramente un final moralizador –esto es un punto de vista personal-, creemos que la historia pudo haber terminado viendo a la menor de la familia bailando, sin pensar en lo que su propia sangre, su propio abuelo, está a punto de realizar – de ahí lo perturbador- una vez más. No hay dudas. El cine griego nos está ofreciendo calidad en demasía.  

domingo, mayo 03, 2015

Fragmento:


"Nadie quiere que su vida sea como una película, así la dirigiese Truffaut, Tarvosky o cualquier otro dios. Nadie quiere ver que su vida ha sido compuesta por otros en las leyendas finales. Nadie quiere ver que su personaje ha sido interpretado por cualquier otra persona. Es preferible vivir en este suelo que nos condena, otra vez y miles de veces más, tarde o temprano. Pero entre un lado y otro, y si es que nos ponemos a describir ese intermedio, no se me ocurre otro ejemplo que el que le sucede a Mia Farrow en La rosa púrpura del Cairo. Sin embargo, a pesar de la tremenda decepción, volvemos al cine, volvemos a sentarnos y a sonreír porque a diferencia de una cinta, nuestra vida termina sin un the end."

The Evil Within 2: una invitación para redimirse.

Año: 2017 The Evil Within 2 venía, desde el anuncio de su lanzamiento, con una exigencia mayor por parte de sus ya incontables seguid...